lunes, 23 de julio de 2018

De la G a la E. Cómo mejoré la calificación energética de mi vivienda

(Y logré el aprobado subiendo dos letras)


¡Una E! Puede que esta calificación energética os parezca insuficiente, pero a mi me suena a sobresaliente. Hace once años (en 2007, en plena burbuja inmobiliaria) mi pareja y yo nos lanzamos a la compra de una vivienda en Madrid capital. No buscábamos algo grande ni difícil de mantener, nuestra economía mileurista no nos permitía meternos en grandes inversiones, pero sí queríamos algo en la ciudad, cómodo y, a ser posible, "para entrar a vivir". ¡Y lo encontramos! 50m2 (más un pequeño trastero) en El Barrio del Pilar, al Norte de la ciudad. Un pequeño piso de dos habitaciones, soleado y luminoso, y, además, recientemente reformado.


Vistas desde nuestro palacio de 50m2 (fuente CPAC)

Firmamos el contrato y la hipoteca con el banco, y nos dispusimos a disfrutar de nuestra pequeña casita. Al principio todo fue bien. Era verano, el sol brillaba y la casa, orientada al Sureste, era luminosa y alegre. Pero, ¡ay amigo!, llegó el otoño y con él el frío, la lluvia y, con si de una maldición se tratase, la humedad y el moho.

Nos os voy a aburrir con los detalles (porque ya os los he contado más de una vez en este mismo blog), pero, resumiendo, la situación era tan desastrosa que finalmente tiramos de ahorros y nos lanzamos a rehabilitar. 


Así estaba el interior de las paredes antes de la reforma (fuente CPAC)

Tiramos paredes y apostamos por instalar un aislamiento térmico URSA de 50mm con barrera de vapor, con placa de cartón yeso, con la idea de mejorar el aislamiento térmico de todo el perímetro de la vivienda. El objetivo era evitar que el frío de la calle se transformase en agua y humedad cuando entrase en contacto con el calor del interior de la vivienda. No queríamos gastar mas en calefacción, queríamos tener una casa confortable y saludable, y ahorrar en calefacción.
Después de varios sustos, incluido algún caso de mala praxis por parte de los señores que realizaban la reforma (que nos instalaron la barrera de vapor del revés... sí, del revés), pintamos, limpiamos y nos dispusimos a disfrutar de nuestra reformada vivienda. 



La barrera de vapor del revés (arriba) y del derecho (gracias a Dios). (fuente CPAC)

¡Qué maravilla! Nada de humedad ni de moho. La ropa salía seca y fresca de los armarios, la casa olía a colonia. ¡Hasta la gata dejó de roncar! Y lo mejor vino con la primera factura de la calefacción, manifiestamente más baja que la que nos llegó el invierno anterior.
Nosotros notábamos la mejora, sabíamos que vivíamos mejor, pero no le poníamos nota... ¡hasta ahora!


Y así quedó el salón (fuente CPAC)

El año pasado nuestra pequeña familia creció y aquel palacio de 50m2 se nos quedó pequeño. Allí no cabía la cuna, la trona, el carricoche y aquel espléndido caballito balancín (con música del Oeste incorporada) que los abuelos le regalaron a su primer nieto y que, me temo, será el preludio de muchos más desastres con ruedas y música. Así que nos mudamos... y alquilamos nuestra vivienda.

Como somos gente responsable, concienciada y que cumple con sus obligaciones, sometimos nuestra vivienda a la inspección de un técnico para que nos realizase el Certificado de Eficiencia Energética y los resultados no se han hecho esperar, ¡una E! Maravilloso. Sobre todo si tenemos en cuenta que el resto de las viviendas de esta zona con las mismas características que la nuestra, como mucho obtienen una G (sumidero de energía).


Aquí nuestra etiqueta (fuente CPAC)

Nuestro pequeño piso ha pasado de una G a una E (dos letras) mejorando parte de la envolvente (queda la guerra de la cubierta) y cambiando la caldera y las ventanas. Ahora, el inquilino que vive allí disfruta de l máximo confort que estos edificios pueden ofrecer, gastando menos el calefacción y sin problemas de moho y humedad. Por eso a nosotros esta E nos sabe a A.




lunes, 9 de julio de 2018

El futuro es de las casas pasivas

(España adapta su normativa y los fabricantes se ponen las pilas)




Passivhaus, casas pasivas, edificios de consumo de energía casi nulo... De un tiempo a esta parte no paramos de oír hablar de las casas del futuro, esas que apenas van a consumir o emitir energía, y que van a ayudar a mejorar la vida de sus habitantes. Pero, ¿qué diferencias vamos a notar? ¿Será mi vida diferente en una casa pasiva?

La respuesta es sí, pero no. El día a día en una casa pasiva es igual que en cualquier otra vivienda: te levantas, te duchas con agua caliente, enciendes la tostadora y la cafetera para desayunar, ves las noticias, etc. Hasta aquí sin novedades, lo mismo que en el resto de las casas, ¿entonces, dónde lo vas a notar? En la factura de la luz y del gas básicamente. Mientras que en una vivienda convencional (dependiendo de la zona climática,  los metros cuadrados, año de construcción, mejoras, aislamiento térmico...) lo normal es pagar en torno a los 100/150€ al mes en los meses más fríos del año, en una vivienda pasiva el ahorro puede ser del 90% e, incluso, del 100% –en un futuro no muy lejano–.

Entonces, ¿por qué no vivimos todos en casas pasivas o, al menos, con calificación energética A (de alta eficiencia energética)? La verdad es que esa es la idea. 
Recientemente, el Ministerio de Fomento ha publicado el Proyecto de Real Decreto que adapta el Código Técnico de la Edificación (CTE) a la  Directiva 2010/31/UE y define los Edificios de Consumo de Energía Casi Nulo. Dicho documento recoge las modificaciones que habrá que introducir en nuestra normativa para que los edificios del futuro sean, al menos, de alta eficiencia.
Además, se establece la obligación de revisar y actualizar los requisitos mínimos de eficiencia energética periódicamente, a intervalos no superiores a cinco años, con el fin de adaptarlos a los avances técnicos del sector de la construcción.

Estos cambios obligarán al sector de la construcción a adaptarse a nuevos requerimientos y a investigar para generar materiales de última generación que contribuyan a lograr este objetivo. 
En este sentido, algunos fabricantes ya se están adelantando a la situación y están lanzando al mercado materiales más eficientes, que garantizan el máximo confort y ahorro energético.
Lo hemos visto recientemente con URSA Ibérica. La compañía presentaba en CONTART el nuevo sistema URSA SECO, con el que se garantiza la estanqueidad de cualquier edificio, ya sea en obra nueva o en obras de rehabilitación y reforma. 

Entre las principales ventajas de este sistema, hay que destacar:

  • Proporciona excelentes valores de hermeticidad, asegurando el confort de las estancias en las que se instala.
  • Ayuda a mantener una temperatura adecuada, acabando con las molestas infiltraciones de aire.
  • Bloquea las humedades producidas durante los meses fríos del año.
  • Tiene unas propiedades mecánicas reforzadas, con una gran resistencia a posibles desgarros.
  • Su dimensión y rejilla están adaptadas para una instalación fácil y sencilla.
  • Se presenta en un kit completo con todos los elementos necesarios para asegurar la estanqueidad de un inmueble.


Gracias a su aplicación, se mejora notablemente el comportamiento energético de la envolvente del edificio, contribuyendo a reducir el gasto.
En este vídeo nos lo cuentan estupendamente.



viernes, 29 de junio de 2018

¿Cómo se hace una rehabilitación inteligente?



(Si vas a rehabilitar tu vivienda, hazlo bien. Con criterios medioambientales, pensando en la eficiencia energética y con materiales versátiles y que aporten sostenibilidad)


La Unión de Consumidores de Cataluña ha elaborado una infografía que da respuesta a las 5 preguntas más importantes sobre rehabilitación de viviendas. Es decir, el cómo, dónde, cuándo, cuánto y por qué quedan contestados. Es lo que los anglosajones llaman en periodismo las 5 W (how, when, who, where y what).


 Con esta imagen queda despejada cualquier duda que puedas tener sobre rehabilitación de viviendas. 

¿Por qué se hace una rehabilitación energética?
Principalmente para ganar calidad de vida, pero también para reducir el consumo energético, proteger tu intimidad, sentirte más seguro en casa, favorecer la accesibilidad a ella, etc. 

¿Cuándo es conveniente la instalación de aislamiento?
En cualquier momento y ocasión es buena idea instalar aislamiento en tu hogar. Tu bolsillo te lo agradecerá y tendrás mucho mayor confort y salubridad. Un buen momento para iniciar estas obras es:
Cuando vayas a poner andamios, reparar goteras, hacer retoques estéticos en la fachada, en cambios de ventanas, tuberías, suelos, techos, tabiques o incluso si en la finca se va a colocar o renovar el ascensor.

¿Cómo hacerlo?
Aislando por el exterior o por el interior, insuflando lana en los muros, en techos o paredes, garantizando la estanqueidad del inmueble… Lo principal es que cuando lo hagas tengas en cuenta las ventajas de utilizar materiales que sean buenos aislantes térmicos y acústicos. También es importante que sean incombustibles y que en caso de incendio no produzcan gotas ni humos tóxicos, sobre todo si se trata de edificios altos o poco accesibles.

 Garantiza la estanqueidad del inmueble con el material apropiado. Foto @URSA

En definitiva, aprovechando las buenas temperaturas, es el momento de acometer obras en nuestras viviendas, pero si van a hacerlo que sea una rehabilitación integral, sostenible, eficiente y sobre todo, inteligente.

viernes, 22 de junio de 2018

Las obras son para el verano (como las bicicletas)

(5 razones para reformar tu casa con el buen tiempo)




El pasado jueves 21 estrenábamos (¡por fin!) el verano. Este año el calor se ha hecho de rogar, pero cuando ha entrado lo ha hecho con mucha fuerza. Y claro, con el calor vuelven las chanclas, las bermudas, las camisetas de tirantes, los helados y, como no, ¡las obras!
Sí, el período estival es el momento preferido por los españoles para hacer reformas en sus casas, ¿por qué? ¿para chafarle la siesta a sus vecinos? ¡No! Por sorprendente que parezca existen razones para hacer las obras en verano y son muy buenas. 

Nosotros te damos 5:

1) Hace calor. Sí, suena a obviedad, pero el sol y las altas temperaturas hacen que el cemento, el yeso o la pintura (entre otros) se sequen más rápido, acortándose los tiempos de ejecución de la obra y ahorrando así tiempo y dinero en mano de obra,

2) Tenemos más horas de luz. Que el sol brille fuerte y radiante durante más horas al día no sólo nos pone de buen humor, además permite alargar las jornadas de trabajo y facilita la realización de trabajos al aire libre: reforma de la fachada, trabajos en la cubierta, mejoras del jardín, etc.

3) Estamos de vacaciones. Parece mentira, pero hay personas que prefieren trabajar a descansar. En vacaciones tenemos más tiempo libre para planificar la reforma, comparar presupuestos, visitar establecimientos para elegir los materiales... Además, si tenemos que abandonar la vivienda, siempre es más sencillo hacerlo durante nuestras vacaciones. Así no alteramos nuestra rutina del día a día.

4) Menos vecinos. En verano, sobre todo en Agosto, las ciudades se quedan vacías –hay mañanas en que creo que ha ocurrido un Apocalipsis zombi–. ¡Mejor para ti! Menos vecinos es igual a menos quejas por el ruido, el polvo o el desorden.

5) Mejor para los trabajos al aire libre. El buen tiempo y la escasez de lluvias también favorece la realización de los trabajos en el exterior. Podemos reformar el jardín o pintar la fachada sin miedo a que una semana de lluvias torrenciales de al traste con todo nuestro esfuerzo.

A la hora de planificar una reforma recuerda que:

  • Siempre debes de buscar profesionales acreditados. Lo barato te puede salir caro si luego necesitas arreglar todo lo que hayan dejado con desperfectos.
  • Solicita más de un presupuesto. A ser posible tres, así podrás comparar y optar por la mejor opción para tu bolsillo.
  • Deja el presupuesto cerrado, con fecha de inicio y fin, y todo lo que debe hacerse en casa. ¡Intenta no llevarte sorpresas después! 
  • Se un buen vecino y avisa al resto de los inquilinos.
  • Infórmate sobre si necesitas algún tipo de licencia de obra.
  • E intenta beneficiarte de los planes Renove que suelen promover los gobiernos regionales.