miércoles, 11 de junio de 2014

Mi casa, zona de guerra

"Aislar para ahorrar"


“Aislamos para ahorrar. Aislamos para ahorrar. Aislamos para ahorrar...” Éste es el mantra que me repito día tras día, mientras el ascensor sube camino de la zona de guerra que es mi casa. Aislamos para ahorrar en calefacción y en aire acondicionado, pero, sobre todo, para ahorrar en ropa, ¡qué con la cantidad de moho que salía dentro de ese armario no ganábamos para la tintorería!
Hace casi una semana que comenzaron la reforma en casa y, a la velocidad que van, puede que mientras escribo estas líneas estén terminando.

DÍA 1. ¡Muros fuera!
El cuarto amarillo. Día 1.

Comenzaron eliminando el armario de la habitación Amarilla (vamos a llamarla así, más que nada porque ése es el color de sus paredes) para continuar, pico en mano, destripando todas y cada una de las paredes de mi casa: desde el salón, hasta el cuarto principal.
Pam, pam, pam. En un día dejaron al descubierto las “vergüenzas” de mi casa que, si tenemos en cuenta lo mal construida que está, son muchas... ¡Hasta las vigas están torcidas!
“Señora, ¡nunca había visto una casa tan mal hecha! ¡No hay ni cámara de aire entre los muros de ladrillo!”, me comentaba escandalizado el jefe de la obra, mientras sus dos operarios subían y bajaban con entusiasmo los sacos de escombros.
Sólo había pasado un día, pero de mi casa (¡mi casita!) sólo quedaba el cascarón...
Aislamos para ahorrar, aislamos para ahorrar.




DÍA 2. Operación bikini
Día 2. Colocamos los perfiles
El segundo día de reforma comenzó de una manera muy similar a como había terminado el día anterior... con la maza en la mano. Pero, una vez llegada la tarde, y destruida la casa, mi cuadrilla de obreros de nombres impronunciables (en la intimidad de mi casa yo les llamo “Mudito”, “Gordito” y “El jefe”) cambió de actividad. Como por arte de magia, o por obra de algún fenómeno parapsicologíco, dejaron sus mazas al unísono y se precipitaron al ascensor para bajar los once pisos que les separaban de una furgoneta blanca donde llegaba el nuevo material.
Perfiles de 46 mm, placa de yeso laminado, cemento, etc. Uno tras otro fueron descargando todo lo necesario para crear la estructura donde después colocarían el aislamiento y subiéndolo a casa, ¡por la escalera!
Once pisos, nada más y nada menos, que ellos encararon con alegría porque, según me explicaron, estaban en plena Operación Bikini y querían llegar guapos a la playa. Sin palabras.

DÍA 3. El aislamiento, para ayer
El miércoles, tercer día de obra, casi morimos de un infarto. A primera hora de la mañana, mientras terminábamos de prepararnos para ir a trabajar, recibimos una llamada de “El jefe”.
  • “Hola, mira, que necesito ya el aislamiento.
  • “¡¿YA!? ¡¡Pero si no nos habías dicho nada!!
  • Si bueno, pues es que lo necesito ya porque si no me retraso mucho...
  • ¡¿Pero no puedes esperar a mañana y entretenerte en otra cosas?! Tenemos que ir a comprarlo todavía y ahora nos vamos a la oficina”.

Tras cinco minutos de negociación cargada de exclamaciones, conseguimos quedar con ellos para ir a buscar en su furgoneta los 30 metros de lana mineral URSA GLASSWOOL Panel Mur P1281 que teníamos que pedir para instalar en casa. Tres paquetes con 10 metros de paneles de 50 mm cada uno, de un material que nos habían recomendado por características, entre ellas, el estar recubierta de papel kraft impreso que actúa como barrera de vapor. Nuestro proveedor fue Redifer Milenio, en Fuenlabrada.
Un viaje y varios infartos después, ya estaba todo subido y guardado en casa.

Día 3. Compramos el aislamiento.


DÍA 4. Paredes abrigaditas
4 Día de obra. Paredes abrigaditas.
Llegando al final de la semana, nuestra cuadrilla, con todo el material en casa, pudo dedicarse a “abrigar” nuestras paredes, instalando los paneles de URSA GLASSWOOL Panel Mur P1281 que habíamos comprado. Pared “abrigada”, pared cubierta con placa de yeso laminado. Una tras otras fueron acondicionando todas las paredes de la casa, dejándolas aisladas, lisas y sin “panzas”.


Y la verdad, pese a que todavía la obra no está terminada, no deja de ser curioso notar una placentera sensación de silencio en casa, amén de que el calor, que estos días aprieta en Madrid, no se nota como otras veces.















Hoy comenzamos el 5º día de obra... a ver qué nuevas aventuras nos esperan. Yo por si acaso me voy preparando, y repito una y otra vez, “aislamos para ahorrar, aislamos para ahorrar”.