viernes, 8 de mayo de 2015

Mucho ruido… y poca música

(Proyecto: aislar mi local del ensayo)


(fuente: diariodecordoba.com)

Tengo un amigo músico aficionado. Sí, lo sé, cada uno tiene que cargar en la vida con algo que le hace quedar regular delante de la familia. Eso sí, para tranquilidad de mi abuela, no tiene tatuajes ni cresta. De hecho, tiene poco pelo. Y es un tipo responsable, con dos niños, una hipoteca y un perro pequeño... lo más transgresor que han tocado en su grupo es una versión de ‘Los secretos’ sin teclado, sólo guitarras (¡droga dura!).

Hasta el año pasado esta afición por la música fue cosa de poco, pero alguien les debió de decir que sonaban bien y han empezado a tomárselo en serio: se buscaron un cantante que de chaval tocaba la pandereta en la tuna, e, incluso uno de ellos se compró un bajo eléctrico y un ampli en plena crisis de los 40, porque no tenía dinero para un descapotable, y soñaba con convertirse en los próximos Fórmula V. Y, claro, buscaron un local para ensayar.

Como estos chicos son muy de su barrio (y no les gusta caminar), optaron por trasladar todo el equipo a uno de los locales disponibles en el sótano de la casa de mi amigo; un edificio de principios del siglo XX, con ascensor de hierro y escaleras de madera.
Un espacio de unos 15m2, sin aislar y que en otros tiempos se usaba como trastero.

Al principio todo fue ilusión... y ruido, mucho ruido. El primer día de ensayo serio, al ritmo de 'Tengo tu amor, para qué quiero más' (ya he dicho que son muy modernos), tres vecinos, incluida Doña Matilde, sorda desde el año 38, se quejaron por los “golpes y el ruido”, cito textualmente.
Ellos, que son gente responsable, se disculparon con la comunidad y se pusieron a investigar qué hacer para solucionar el problema. ¿Dónde? ¡Pues en Internet!
“Voy a mirar en Internet, que hay de todo, para ver qué tenemos que poner”



La primera solución fue un clásico dentro de todo local de ensayo amateur: las hueveras. Una semana de empacho a huevos y una tarde de trabajo forrando la sala y se sintieron listos para intentarlo de nuevo...¡Error! Doña Matilde volviera a quejarse y esta vez amenazó con “ir al administrador, a ver si el termina con este chau chau infernal”.

Abatidos tras el fracaso, pero sin rendirse a la evidencia (necesitaban la ayuda de un profesional) el segundo paso fue acceder a un foro especializado, el mejor posicionado en Google al escribir ‘Aislar quejas vecinos’.
En esta Enciclopedia Universal de puntos de vista y consejos, MariTrini34 daba con el asunto: “Lo de los huevos no funciona. Lo del corcho si es verdad que va mejor pero para más seguridad tienes que dejar una cámara de aire entre las paredes y el corcho con unos 5 cm es suficiente. Luego colocáis el corcho y después forráis de madera, como si fuera tarima de esta moderna que es barata y se instala muy rápidamente”.
Segunda solución, segunda intentona, segundo fracaso.

Por fin, una luz se encendió en su cabeza y decidieron ponerse en manos de un experto para solucionar el problema. El profesional se acercó al local, examinó la sala y les ofreció una respuesta mucho más acorde a las necesidades de la sala:
“Para aislar un local de esas características, lo más recomendable es hacer lo que se llama una box in box (caja dentro de una caja), aislando paredes, techo y suelo. Para aislarlo emplearíamos un trasdosado de placa de yeso laminado con lana mineral en el interior (el espesor se determina en función de la estructura). Los materiales más aconsejados son URSA Terra para el interior de las paredes URSA Terra Sol para la instalación del suelo flotante y URSA Terra Vento para instalación de un techo perforado, lo que evitaría la reverberación”.

Ahora se hacen llamar “No noise for old Men” y aunque siguen sonando como la tuna en horas bajas, al menos los vecinos no sufren.

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