viernes, 9 de enero de 2015

Los propósitos de año nuevo de nuestras casas


(la esperanza es lo último que se pierde)


Dejar de fumar, adelgazar esos kilos cogidos a base de polvorones, aprender inglés, alemán o chino… es el momento de los buenos propósitos y de escribir esta entrada, antes de que la rutina nos haga olvidarnos de ellos en tan solo unas semanas.
Quizás muchos de vosotros estéis también pensando en reformar vuestras casas y hacerlas espacios más agradables, confortables o que, simplemente, ahorren energía y no sacudan nuestros bolsillos cada final de mes en forma de factura.

"Deseo una casa para vivir y no vivir para mi casa". (imagen: google.es)

Mejorar un hogar. Una frase de tres palabras que puede englobar desde colgar los cuadros olvidados detrás del sillón de una vez, cambiar los cojines, llevar al tinte ese estor tan complicado de lavar, hasta meterse en faena y realizar una reforma completa con reubicación de tabiques incluida.

Para la mayoría de los hogares europeos, las facturas de energía representan un 3-4% de su renta disponible, puede parecer que no es mucho, pero si vemos las cifras escritas negro sobre blanco, empezamos a pensar en las otras cosas a las que podríamos destinar ese dinerito.

En el fondo, se trata de un problema de concienciación. No tenemos una sensibilización de la importancia que pueda tener, por ejemplo, un buen aislamiento para nuestros hogares y nos limitamos a acometer las reformas que son estrictamente necesarias: cambiar los azulejos del baño que parecen de la serie “Cuéntame”, sustituir una caldera que se ha roto o destinar la paga extra a adquirir por fin el equipo de aire acondicionado, que la casa da al sur y en verano no hay quien aguante.

¿Deseando cambiar los baldosines de la cocina?. (Imagen: www.flickr.com)

Pero puestos a hacer números convendría analizar qué nos van a aportar cada una de estas mejoras de nuestros hogares. Cambiar las cortinas o los cojines, supondrá un desembolso muy pequeño, pero aparte de contribuir a que nuestra casa sea más bonita o confortable, poco podrán hacer por nuestros bolsillos.
En este sentido, numerosos estudios indican que las políticas energéticas que apuestan por la mejora de la envolvente térmica de los edificios son las de menos coste para un mismo beneficio objetivo. La renovación de una caldera mejorará sin duda la eficiencia energética de nuestra vivienda, pero el retorno de la inversión no se producirá hasta los 14 años de su instalación. El cambio de ventanas tiene un retorno medio de la inversión (en ahorro en climatización) de 38 años, mientras que el cambio del suelo necesitará 12 años para amortizar el desembolso efectuado. Nada que ver con el aislamiento, que presenta unos periodos medios de amortización de 4 años.
Durante la vida útil de las superficies aisladas, obtendremos un beneficio estimado de 7 euros por cada uno invertido y, como beneficio añadido, los costes por tonelada ahorrada de CO2 serán los más bajos.


Salen las cuentas, ¿verdad? Es el momento de cumplir nuestros buenos propósitos… y los de nuestros hogares.

Una pequeña inversión; un gran ahorro. (fuente:rusa.es)