miércoles, 30 de marzo de 2016

Cuando sean las dos… serán las tres

(El cambio de hora y el ahorro de energía)


Volvamos al pasado, ¡recuperemos una hora de sueño!
 (imagen: Regreso al futuro III)
El pasado fin de semana (la madrugada del sábado al domingo, para ser más exactos) miles de españoles vieron como les desaparecía una hora de sueño. Así, por arte de birli birloque, sin comerlo ni beberlo, sin decir “esta boca es mía”… ¡una hora menos! “Y todo esto,  ¿por qué?”, nos preguntábamos el domingo por la mañana, con los ojos todavía pegados de sueño y una tostada fría ante las narices, “¿por ganar unas horas de luz? ¿por el ahorro energético? ¿por tener más tiempo para disfrutar al aire libre?”Sí... a todo.

Aquí el responsable del
"horario de verano"
El cambio de hora se puso en marcha por primera vez durante la I Guerra Mundial para ahorrar recursos (aunque al señor Benjamin Franklin ya se le había pasado por la cabeza esta medida, tras ser despertado por el radiante sol francés antes de su hora acostumbrada allá por el siglo XVIII).  Alemania fue el primer país en adoptar esta medida, con la idea de ahorrar carbón. Según cuentan los libros de historia, pensaron que así, al tener más horas de luz, no sería necesaria tanta iluminación artificial y el carburante empleado (carbón), se podría emplear en algo más productivo… como la guerra.
Después amigos y enemigos siguieron su ejemplo, empezando por los ingleses y, casi casi, terminado por los españoles (que nunca nos gustó esto de que nos robasen horas de sueño).
Tras la guerra, el llamado “horario de verano” fue olvidado (menos por los ingleses, que lo tomaron con ganas), al menos hasta el siguiente conflicto bélico. Con la II Guerra Mundial volvió, cuando terminó, finalizó, y así hasta los años 70, que con la crisis de petróleo vino para quedarse.


Pero, ¿qué hay de cierto en la teoría del ahorro energético? ¿es verdad que compensa? Aquí entramos en un terreno un poco farragoso entre partidarios y detractores:

A favor tenemos el mencionado ahorro energético, un 5% del consumo eléctrico o lo que es lo mismo, unos 300 millones de euros según datos del IDAE. Y no es el único argumento a su favor, sus defensores aseguran que, al disponer de más horas de luz diurnas, disfrutamos de más tiempo al aire libre, fuera de casa y de la televisión y/o el ordenador.

Sin embargo, los detractores de esta medida aseguran que el ahorro no es tal, ya que al volver al horario de invierno volvemos a gastar más electricidad. Asimismo, se ha argumentado en su contra que es antinatural, que provoca alteraciones en las pautas de sueño e, incluso, en la conducta provocando cierta confusión en niños y ancianos.

Estemos a favor o en contra, lo cierto es que el llamado “horario de verano” es una realidad muy presente en nuestro día a día y que, como a casi todo, le podemos sacar cierto partido para que todo este caos de relojes juegue a nuestro favor. Por ejemplo, podemos emplear el cambio de hora para mejorar la eficiencia energética en nuestra casa. ¿Cómo? Modificando pequeñas rutinas.

1) Aprovecha la luz del sol para calentar la casa. Deja que sea el sol y no la calefacción la que caliente tu casa, ahorrando un dinero en la factura del gas. Y si tienes un poco de frío, las batas y las mantas pueden ser tu mejor aliado para mantenerte confortable en casa.

2) Persianas arriba, bombillas apagadas. ¡Tenemos más horas de luz al día, no las desaproveches! Levanta las persianas y deja que el sol sea tu bombilla todo el tiempo posible. Además, controla que no haya dispositivos encendidos sin necesidad (la luz de la cocina, los pilotos de los electrodomésticos, el ordenador que no utilizas, etc.). Al final de mes tu bolsillo lo agradecerá.

3) Disfruta al aire libre. Pasamos cerca del 80% de nuestro tiempo en espacios cerrados. Sal a la calle, practica algo de deporte o simplemente pasea. El tiempo que no estés en casa es tiempo en el que no gastarás energía, y, además, estarás contribuyendo positivamente a mejorar tu salud. ¿Qué pierdes por probarlo?

El sol puede ser tu mejor aliado para caldear la casa.

Además, te animamos a que revises puertas y ventanas con la idea de irlas preparando para la llegada del calor, junto con tus equipos de refrigeración (que necesitarán una pequeña puesta a punto antes del verano).