viernes, 8 de junio de 2018

Cinco años del Certificado de Eficiencia Energética para edificios

(¿Ha cambiado algo desde su puesta en marcha?)


Hace cinco años, cuando abrimos por primera vez las puertas de esta casa de todos (y un poquito de locos) que es Zona Confort, lo hacíamos con la intención de hablar de aquellos temas relacionados con al eficiencia energética y la sostenibilidad, y que afectan al día a día en nuestras viviendas. Y uno de esos temas fue, como no podía ser de otra manera, el Certificado de Eficiencia Energética.

Etiqueta con la calificación energética del inmueble.

Hace cinco años, un 1 de junio (2013) entraba en vigor la obligación de evaluar e informar, tanto a los nuevos compradores como a aquellas personas que iban a alquilar una vivienda, del consumo energético de dicho inmueble. Un examen basado en parámetros objetivos, que debía de correr a cargo de un técnico competente (arquitecto o arquitecto técnico) y que le ponía nota a nuestras casas: A, para aquellos inmuebles con un excelente rendimiento energético que nos permitían ahorros de hasta 500€/año y G para esas viviendas que llamamos "sumideros de energía".

¿Ahogado en facturas? Apuesta por la eficiencia energética y ahorra hasta 500€/año.

En ese momento, toda esta nueva nomenclatura nos sonaba a chino y muchos propietarios, obligados ahora a evaluar sus pisos, pensaban que todo esto era un invento del Gobierno para "recaudar dinero", pero que carecía de valor práctico.

Sin embargo, como ya pasó con los electrodomésticos, el CEE llegó a nuestra vida y se quedó. De hecho, este año por circunstancias de la vida –denominadas bebé con todos sus complementos: cuna, trona, carrito, bañera, ropa, juguetes y un largo etc.– nosotros hemos sido objeto de dos evaluaciones, una como propietarios y otra como inquilinos.

Ahora, gracias a esta evaluación contamos con más información sobre el parque de viviendas en el que residimos y sabemos dónde están los problemas y qué hay que hacer para atajarlos. Por ejemplo, sabemos que la mayoría de los hogares españoles tienen una calificación E (aprobado raspado, raspado) y que los casos A y B son muy puntuales, y suelen corresponderse con proyectos concretos, como el caso de la cooperativa de viviendas de Arroyo Bodonal. Es más, si nos movemos a las islas (Canarias y Baleares), la calificación cae hasta la letra G, ya que no suelen tener instalación de Gas Natural y el CEE penaliza esta circunstancia.

También sabemos que la calificación energética en la vivienda nueva ha mejorado sustancialmente: se construye mejor, con criterios de eficiencia energética y sostenibilidad.  Una tendencia que se está consolidando gracias a la concienciación del ciudadano, pero también gracias a la obligación normativa que nos llega desde Europa. 
También los nuevos propietarios se preocupan ahora más por la sostenibilidad de los materiales y la eficiencia energética.
En definitiva, cinco años de evolución y consolidación en los que el CEE ha pasado a formar parte de nuestro mapa diario.

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