viernes, 30 de noviembre de 2018

Una espectacular reforma en El Escorial


(Visitamos una vivienda de más de 40 años, donde el aislamiento ha hecho milagros)


Este fin de semana hemos estado disfrutando de la casa de mi suegro en El Escorial (Madrid), ¡qué ya tocaba! Después de casi tres meses de reforma integral, que mi suegro ha mantenido en secreto (él es así de misterioso), teníamos ganas de comprobar qué había hecho con ese piso de dos dormitorios y más de 40 años de antigüedad.

¿Frío yo? (fuente: CPAC.com)

La primera vez que fuimos a verlo, en agosto de 2017, el piso se encontraba en el mismo estado en el que lo habían entregado hace 4 décadas: suelos de terrazo, ventanas de madera, nulo aislamiento... el único añadido que le habían hecho los anteriores propietarios fue un par de calefacciones eléctricas y una bonita alacena blanca en el salón. El piso era, literalmente, un sumidero de energía, sobre todo si tenemos en cuenta que está situado en la sierra y que la orientación tampoco es la más óptima para aprovechar la luz solar (Noroeste). Tanto es así, que durante todo el invierno mi suegro evitó ir para no tener que hacer frente a las astronómicas facturas de calefacción. Sin embargo ahora...

Lo primero que notamos nada más llegar y abrir la puerta fue el calor. “Pues no tengo puesta la calefacción”, nos dijo, mientras nos saludaba en bata y pantuflas. “Es el aislamiento”.
La reforma de la vivienda ha sido integral: paredes, ventanas, puertas, baños, cocina, etc. Se ha tocado todo y se ha hecho con mucho sentido común, pensando en adaptar la vivienda no sólo a un uso temporal de fin de semana, sino como residencia permanente una vez se jubile.

Para empezar, se ha apostado por el aislamiento térmico en todo el perímetro exterior de la vivienda, en concreto lana mineral, con lo que perdiendo muy poco espacio (a penas se nota) se ha logrado mejorar el confort térmico en el interior de manera notable. Además, se han instalado ventanas de alta eficiencia energética, que aíslan del ruido del exterior. Y para no romper la estética de la urbanización el marco de las ventanas es de madera, pero éstas ajustan correctamente y evitan que entre el ruido y el frío del exterior.

Se han colocado radiadores de gas natural, caldera nueva y termostato para controlar la temperatura de la vivienda, además de reguladores en cada uno de los radiadores. El suelo de terrazo se ha sustituido por una tarima de madera y las luces de toda la vivienda son led. El detalle: para aprovechar la luz natural del salón y evitar tener que encenderla en la cocina, la pared que separa ambas estancias es de cristal, simulando un gran ventanal.

¿El resultado? Espectacular. Una vivienda funcional y energéticamente muy eficiente, que será muy disfrutable durante el verano, pero también en invierno. ¡Y con un gasto en calefacción mínimo!

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