viernes, 2 de febrero de 2018

¡El aislamiento salva vidas!


(Entrevistamos a Andrés Peralta, Investigador de la Universitat Pompeu Fabra y de la Agència de Salut Pública de Barcelona)

Hace unos meses leí en la Vanguardia un titular de esos bien puestos, de los que llaman la atención. “El aislamiento salva vidas”, hacía referencia a un trabajo que sobre pobreza energética habían realizado dos investigadores de la Agencia de la Salut Pública de Barcelona. Uno de ellos es Andrés Peralta que tiene uno de esos títulos que no caben en una tarjeta y pese a todo, no muestra el trabajo tan importante que realiza. Andrés es Investigador pre-doctoral en el Grupo de Investigación en Desigualdades en la Salud (GREDS) de la Universitat Pompeu Fabra y en la Agència de Salut Pública de Barcelona. Junto a su compañero Lluis Camprubí publicó un estudio sobre la pobreza energética, sus causas y sus soluciones. Y es que, aunque parezca mentira, en nuestro país todavía mueren personas a causa de este terrible problema. Zona Confort ha tenido la oportunidad de conversar de todo ello con él y aquí os dejamos el resultado de esta entrevista: 

 Andres Peralta, investigador

Hay quien muere de frío estando bajo techo. ¿Es posible que esto siga pasando en la España del Siglo XXI?
Las temperaturas bajas dentro del hogar (muy relacionadas a la pobreza energética) tienen muchas consecuencias para la salud física y mental. Se ha visto que los hogares con temperaturas muy bajas están asociados a: 1) patologías cardiovasculares y respiratorias; 2) empeoramiento de síntomas de patologías como la artritis o la gripe; 3) problemas de salud mental, especialmente en los adolescentes; 4) problemas de salud mental y de aprendizaje en la niñez; 5) peor alimentación de las familias; y, 6) en los niños, se asocian a peor desarrollo psicomotor, menor ganancia de peso, y más admisiones hospitalarias. Además, durante períodos con temperaturas extremas, las familias que viven en pobreza energética muchas veces tienen que elegir entre mantener sus hogares a temperaturas adecuadas o experimentar otros tipos de privación (cómo no poder comprar comida, por ejemplo).  
Quizá el más crudo de los efectos en salud de la pobreza energética y los hogares fríos sea su relación con el exceso de mortalidad invernal. Usualmente durante los meses fríos hay un mayor número de muertes que durante el resto del año. Se ha estimado que aproximadamente el 30% de este "exceso" de muertes puede atribuirse a viviendas con temperaturas muy bajas. 
En España (2014), el 11% de los hogares declara no poder mantener su vivienda a una temperatura adecuada durante los meses de invierno y aproximadamente 7.100 muertes anuales puede atribuirse a temperaturas bajas en el hogar.

Lo más triste es que según el estudio que ustedes realizaron con la Agencia de la Salut Pública de Barcelona es que hasta un 67% de estas muertes serían evitables ¿Qué se puede hacer para evitarlas?

En nuestro estudio, evaluamos el impacto de intervenciones de aislamiento térmico de fachadas en la mortalidad asociada a frío extremo. Encontramos que, en mujeres, al 53% de las muertes asociadas a frío extremo podrían haberse evitado por la intervención (en hombres no se observó este efecto). Cabe destacar que el efecto puede ser incluso mayor en mujeres mayores de 75 años y en mujeres con nivel educativo bajo.
Diversas intervenciones se pueden realizar para paliar los efectos de la pobreza energética e intentar reducir los efectos en salud de la misma.  En general las intervenciones se pueden clasificar en: 1) Intervenciones destinadas a mejorar el acceso y la accesibilidad a energía y servicios energéticos (reducir costes de facturas, aumentar ingresos familiares); 2) Intervenciones destinadas  a mejorar la eficiencia energética de las viviendas y electrodomésticos; 3) Intervenciones para modificar comportamientos o empoderar a consumidores. Si bien todas estas pueden ser importantes, se ha observado que la mejora de la eficiencia energética de las viviendas puede ser tener más efectos a largo plazo y ayudar a paliar los efectos en salud de la pobreza energética, sobretodo en familias vulnerabilizadas. 
En su trabajo hablan de las soluciones arquitectónicas que ayudan a luchar contra la pobreza energética. ¿Nos pueden explicar el por qué?
Una de las maneras de mejorar la eficiencia energética de las viviendas es el aislamiento térmico de fachada. Este tipo de intervenciones pueden denominarse "arquitectónicas", ya que actúan en la infraestructura (dimensión física) de la vivienda.  

En un artículo publicado el pasado año en la Vanguardia ustedes declaraban que el aislamiento podría salvar vidas, ¿Es una de estas soluciones arquitectónicas a la que se refieren?, ¿Qué importancia tiene en este sentido la instalación de un buen aislamiento en una vivienda?

Nos enfocamos al aislamiento, porque se ha observado que este tipo de intervención puede producir mejoras en síntomas respiratorios; en la salud mental; en la percepción sobre la propia salud; y en el mejor desarrollo físico y psicomotor y menos ingresos hospitalarios en infantes. Además, se han descrito mejoras en el uso del espacio de la vivienda, el sentido de “hogar” y la dieta de las personas que viven en estos hogares. Dados los resultados de nuestro estudio, podemos decir también que este tipo de intervenciones pueden reducir la mortalidad asociada a frío extremo. Por esto decimos que pueden "salvar vidas"; aunque cabe destacar también la mejora en el confort y calidad de vida de las personas que viven en estas viviendas. 

  Un aislamiento correcto no sólo da confort. Contribuye a acabar con la pobreza energética Foto @URSA

¿Cómo valoran el trabajo de las administraciones en la lucha contra la pobreza energética?, ¿Ven suficiente voluntad política para luchar contra ella?

En nuestro contexto, se puede combatir la pobreza energética de distintas maneras y en muchas escalas. Cabe destacar el gran trabajo que hacen los movimientos sociales cómo la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y la Alianza contra la Pobreza Energética (APE); no sólo para dar apoyo y soporte a los afectados; si no para empoderarlos y presionar a las administraciones para que den soluciones más definitivas a esta problemática. En Cataluña, esta movilización ciudadana logró la aprobación de la Ley 24/2015, que ha sido un gran paso en la protección de las personas que viven en pobreza energética. Desde las administraciones locales con apoyo de organizaciones del tercer sector) ha habido experiencias positivas como los Puntos de Asesoramiento Energético (PAE) del ayuntamiento de Barcelona que brindan apoyo a las familias y facilitan diversos trámites necesarios para que no haya cortes de suministros (entre otras cosas). Sin embargo, se ha visto que, en otros niveles de la administración, no ha existido una voluntad política de cambiar un sistema inequitativo que permite que la pobreza energética sea un problema cada vez mayor en nuestra sociedad.
Mientras los costes de la energía sigan siendo inasequibles para un gran porcentaje de familias; y muchas de las familias continúen viviendo en viviendas que requieren una gran cantidad de energía para tener condiciones mínimas de habitabilidad; será muy difícil que se logre combatir la pobreza energética y mejorar el bienestar de las personas que la padecen.