viernes, 25 de mayo de 2018

Animales fantásticos y otras historias de ciudades

(O de cómo el cambio climático le cambia el tamaño a una polilla)



Ayer entró un murciélago en mi terraza. Era enorme, negro y volaba dando vueltas alrededor de los tiestos. Bueno... no era un murciélago, era una polilla ¡pero tamaño águila imperial! 

¿Soy una exagerada? Puede ser, pero la realidad es que de un tiempo a esta parte tengo la sensación de que los bichos son cada vez más grandes: las polillas, murciélagos; los saltamontes, bogavantes, y las lombrices, boas constrictor. Y al parecer no es sólo una percepción mía, según un estudio de  un equipo de etólogos de la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica, publicado en la revista Nature, el rápido crecimiento de las ciudades no sólo afecta al ser humano o al paisaje urbano, otras especies con las que convivimos todos los días se ven afectadas y para sobrevivir modifican su estructura corporal. 



Según el estudio de este equipo de biólogos, el llamado efecto "isla de calor" –subida de temperaturas  por la acumulación de calor en los edificios y otras estructuras fabricadas con hormigón y otros materiales absorbentes– provoca que muchas especies deban invertir más tiempo en el mantenimiento de una temperatura adecuada e inviertan menos tiempo en su crecimiento. “Las temperaturas más altas generalmente aceleran las tasas de desarrollo, y esto puede ser más rápido que las tasas de crecimiento”, afirma a Sinc Thomas Merckx, autor principal del trabajo.

Eso les sucede a las aves y algunos mamíferos, vecinos habituales en las grandes urbes. 
Sin embargo, esto no le sucede a todas las especies con las que convivimos. ¿Adivináis cuáles son las que crecen más debido a este efecto anticiclón casero? ¡Sí, las polillas, los saltamontes...! En su caso, el aumento de tamaño tiene que ver con la necesidad de movilidad para poder encontrar comida o nuevos espacios para reproducirse.

El estudio concluye que estos cambios provocan alteraciones en el ecosistema que, finalmente, acabarán afectando al ser humano.

¿Y cómo podemos frenarlo?



Reducir la temperatura en las ciudades es un objetivo global, como figura en el Acuerdo de París. Para lograrlo debemos trabajar con todos aquellos elementos que contribuyen al incremento de los gases de efecto invernadero, como los edificios. En Europa, éstos son los responsables del 40% de las emisiones debido. 
Una forma de limitar las emisiones y así frenar el incremento de la temperatura es aislando. El aislamiento térmico no sólo evita las pérdidas innecesarias de temperatura, también reduce el gasto energético. Menos energía desperdiciada = menos emisiones.